¿Cuál es el rostro de Roma: el del Augusto, el de Miguel Ángel, el de Marcello Mastroianni o el del testaccio, ese restaurador burlón? Cuna del imperio romano, ciudad de los papas, símbolo de la Dolce Vita y capital política. ¿acaso no merece el nombre de “Ciudad Eterna”?. Sin duda alguna, basta con deambular desde el Coliseo hasta los museos Capitolinos, desde la Piazza Navona hasta el Campo dei Fiori, desde San Pietro in Vincoli hasta la Galleria Colonna o desde el Vaticano hasta la Villa Borghese.

Aquí, como en numerosas metrópolis, cada uno permanece leal a su “aldea”. Los habitantes del centro no cambiarían su expresso matinal en la Piazza Farnese por nada del mundo, los del barrio de Monti son absolutamente fieles a sus pequeñas y floridas plazas y sus jóvenes creadores, los del Trastevere se saludan desde las ventanas, y en el Pigneto, un poco excéntrico, abundan bares, tiendas y restaurantes de moda, dignos de Londres o París.

Todo tipos de secretos auténticos o de secretos a voces son los que puedes descubrir en esta Ciudad Eterna.