Verdes negro

“He descubierto un cuarto camino hacia las zonas más profundas del bosque. El arroyo. Qué obvio parece ahora… ¡un camino de agua! Creo que nos servirá para llegar al mismo corazón del bosque. ¡Pero el tiempo, siempre el tiempo…!”

“El bosque mismo parecía oscuro, sombrío, hostil. Observé las copas de los árboles sin encontrar el menor hueco entre ellas. Formaban un mar verde grisáceo azotado por el viento; algo casi orgánico, una entidad que respiraba y se movía inquieta bajo una mirada aérea a la que no daba la bienvenida.”

“En un momento dado, empezó a llover. La escasa luz que nos llegaba mermó todavía más, hasta que nos encontramos avanzando entre la vegetación en una penumbra terrible. Cuando la lluvia cesó, los árboles siguieron goteando, incomodándonos, hasta que volvió la luz fragmentaria.”

“Sólo entonces noté lo silencioso que estaba el bosque, como si contuviera el aliento, a la espera. Se me erizó hasta el último pelo del cuerpo, y el corazón me latió tan fuerte que creí que el pecho me estallaría. Me quedé un segundo junto a la tienda destrozada, y el pánico se apoderó de mí. La cabeza me daba vueltas, y el bosque parecía amenazarme.

“Y llegó noviembre, y fue verdaderamente frío, la lluvia gélida caía a intervalos, pero el viento se colaba entre el denso follaje ocre del bosque, parecía capaz de encontrar su camino a través de las rendijas de la ropa y la tela impermeable, hasta llegar a la carne y helar los huesos.”

Texto. Bosque Mitago [Robert Holdstock]

Fotografías. Sony A7II + Samyang 35 mm f2.8 FE AF

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