La leyenda del gigante

Cuenta la leyenda que en la parte alta del río Douro vivía un gigante en solitario. En realidad no era un gigante como los de los cuentos, sino que era un hombre mucho más alto de lo “normal” por lo que los demás lo consideraban un gigante y lo discriminaban. Siempre estaba vestido de azul y tenía dados en una de sus manos con los que se entretenía mientras caminaba por el bosque.

Una noche tuvo una visión. Como esas que tenían algunos campesinos o niños. Según contó al otro día, soñó que se le aparecía un hombre vestido de blanco, con barba y pelo largo canoso y que le pedía que bajara hasta la desembocadura del río para construir allí varias iglesias.

El gigante no entendía bien cuántas iglesias tenía que construir ni cómo ni dónde. El hombre le adivinó los pensamientos y le dijo: “Cuando te despiertes verás que tus dados habrán cambiado. Tendrás más y con otros números. Tómalos todos, llévalos a la zona de la desembocadura del río y arrójalos desde la parte más alta que encuentres hacia la tierra. A dónde caigan los dados, deberán ser construidas las iglesias. Los números en sus caras representarán la cantidad de azulejos azules y blancos con que serán decoradas.


Y así fue como a la mañana siguiente amaneció y encontró otros dados al costado de su cama. En vez de números del 1 al 6 tenían números como 20.000, 30.000 o 10.000. Los tomó y decidió cumplir con su misión. Bajó por el valle del río, atravesó hermosos paisajes de bosques y montañas y, al llegar a la desembocadura, se paró sobre la parte más alta que encontró y arrojó los dados hacia la tierra. Allí, donde cayeron, se encuentran en la actualidad las iglesias y monasterios de la ciudad de Oporto, con sus paredes decoradas con miles de azulejos azules y blancos pintados a mano. Estas construcciones salpican el paisaje urbano de Oporto, como al azar, como si el sueño de un “gigante” pudiera decidir dónde quedaron ubicadas.

 

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